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My Horror Love: Mario Vírico

30/10/2009

Mindy

Troquelados carnales.

La culpa es de Brian Yuzna y sus troquelados carnales. Primero fue el cunilingus que le hacía el decapitado Dr. Hill a la desconcertada Barbara Crampton, la palidez y los pezones de Re-Animator, sabrosos distensores a las consecuencias del fatídico suero verdoso. Qué grande lo de ser monstruo sin perder la lujuria. La escena está empapada de sonidos, o así insiste en recordarla mi sexualidad: la cabeza del viejo verde saliendo de la cubeta inundada de sangre, la lengua moviéndose entre los muslos y los gritos ahogados de la Crampton, que no sabe si horrorizarse o rendirse al juego. Me sabe mal por los hemofóbicos, que no podrán disfrutar de sus cachas manchadas de sangre. El acero de la mesa de autopsias es un complemento perfecto; ahí uno imagina el flujo erótico rozándose con el frío clínico y se pone recto. Lástima que Miskatonik no conceda becas.

Luego vendría Mindy Clarke en Return of the Living Dead III (1993), capítulo final de la saga -más libre que apócrifa- gestada a rebufo del universo de Romero. Si tu novia vuelve de entre los muertos y sigue amándote eres un tipo con suerte. Si además reprime su apetito autolesionándose es que lo vuestro tiene futuro. Amores de ultratumba los hemos tenido -creo- todos, el concepto terminó por ser de todo menos novedoso, pero Yuzna llevó aquí su química del asco y el deseo al hiperromanticismo. A través de una noche teñida de desesperanza, con macarras vomitivos y zombis conmovedores, los protagonistas afianzan su amor. El la invitará a un aperitivo nocturno y se preocupará por mantener su gula a raya. Ella le protegerá a él de sí misma, atravesándose la carne con cristales, cuchillas y alfileres. En un entorno zombificiado contemporáneo lo más probable es que tu novia empiece a coquetear con el policía musculoso y te deje a merced de las hordas, cruzando los dedos porque te conviertan en steak tártaro y ahorrándose así el mal trago de formalizar vuestra ruptura. Yuzna no lo vio así, claro. El epílogo en la base militar termina con el uso más bello que podría dársele a un incinerador industrial. Amar a una zombi es amar de verdad, libre de frivolidades y juicios estéticos. La película es de esas que la memoria tiende a embellecer, advierto. Lo que crece dentro de uno es el manifiesto amoroso de Yuzna, atemporal para unos, desfasado para esos que pulsan sobre el anuncio del tipo que se ha puesto mazas en treinta días.

– Por House of the Mario Vírico.

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One Comment leave one →
  1. 30/10/2009 5:10 pm

    No sé si habrás visto la versión sin cortar, Mario, que hasta hace unos pocos años era inédita en el mundo. La edita aquí en vhs por Manga films (las dos ediciones), castra considerablemente la sensibilidad perversa y brutal del componente necrofílico-amatorio; te hace sentir menos sucio. Te la recomiendo urgentemente.

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