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My Bond Love

02/11/2009

007

Me lo han preguntado en privado: ¿por qué no he escrito nada para My Horror Love, sección de amores halloweenescos que yo mismo propuse? Hay dos razones: a) pensaba escribir un texto corto sobre la Tippi Hedren de Los pájaros (1963), pero una planificación previa en mi cabeza me bastó para darme cuenta de que iba a ser incapaz de resumir todo lo que tenía que decir sobre esta secuencia en un único post; y b) una revisión de El mundo nunca es suficiente (1999) me hizo preferir escribir sobre Bond girls que sobre final girls.

En Lacrimae rerum (2005), Slajov Žižek reflexiona sobre el destino final de toda chica Bond, sobre lo que ocurre más allá del despreocupado encuentro sexual con el que acaban muchas películas del 007 pre-Daniel Craig. El autor se pregunta qué pasa entre ese momento y la siguiente misión del agente secreto: “tal vez este sería el auténtico Bond posmoderno, una especie de aburrido drama existencial sobre una relación en decadencia: Bond se cansa poco a poco de su chica, comienzan a surgir peleas, la chica quiere casarse, Bond se opone a la idea, etcétera, hasta que al final la llamada de M llega como agua de mayo para ayudarle a escapar de una relación que se estaba volviendo cada vez más claustrofóbica”.

Resulta curioso que las dos chicas Bond que abrieron y cerraron la presente década desafiasen el arquetipo y, por tanto, escaparan de su destino: hablamos, respectivamente, de Elektra King (Sophie Marceau) en El mundo nunca es suficiente y de Camille (Olga Kurlylenko) en Quantum of Solace (2008). Las dos comparten su determinación a no dejarse dominar por Bond, a no convertirse en una de esas pequeñas tragedias sentimentales entre misiones (o entre películas), aunque sus destinos no podrían ser más opuestos. Elektra es una villana que seduce a Bond como parte de su plan terrorista: es decir, utiliza al agente del mismo modo en que este utiliza a las mujeres que conoce en sus aventuras. Bond es incapaz de aceptar esta situación, así que mata a Elektra a la menor oportunidad, no sin antes haberse dejado dominar por ella en un instrumento de tortura filo-S&M, ajustada metáfora de su relación. Su frase tras dispararla, “I never miss”, lo acredita como el psicópata sin sentimientos y al servicio de la Patria (la única amante que nunca le aburrirá) que era antes de su última reformulación. Nuestro hombre acaba la película en brazos de una chica Bond arquetípica, sin personalidad y dotada de una predisposición casi natural a acabar pasando por ese proceso que describe Žižek.

La Camille de Quantum of Solace es mucho más interesante y poderosa. Elektra era, al fin y al cabo, una víctima de la opresión masculina (que tan bien simboliza Bond) por otros medios: su propio nombre indicaba la relación que tenía con el villano de la función, el hombre que asesinó a su padre y la convirtió en villana. Además, sufría las consecuencias de sus actos a manos de un 007 implacable, quien la estaba castigando más por su osadía al no aceptar su rol en el universo Bond que por sus actos terroristas. Al contrario de lo que pudiera parecer, ese disparo no es producto del corazón roto de un personaje que ve cómo su amada nunca le ha querido realmente, sino el ego dolido de un hombre alfa que no acepta a una mujer rebelde. Camille, en cambio, no se deja seducir por Bond, ni siquiera como un medio para alcanzar un fin (como sí hace Elektra). Resulta significativo que ninguna de estas dos protagonistas tenga el nombre ridículo que suele ser marca de la casa, algo que sus respectivas chicas Bonds secundarias —Christmas Jones en El mundo nunca es suficiente, Strawberry Fields en Quantum of Solace— sí comparten. La primera aún conserva una referencia al complejo de Electra, pero Camille es simplemente Camille: no hay apellido que de origen a doble sentido o a referencia pop.

Quantum of Solace contiene un momento en el que M (encarnación de la Patria, esa única mujer a la que Bond nunca podrá dominar) reflexiona en voz alta sobre el destino que parece esperarle a todas las chicas Bond de la etapa Daniel Craig: le aman incondicionalmente y luego mueren, mientras él puede vivir (otro día) para vengarlas. La película no se puede entender sin el precedente de Casino Royale (2006): más concretamente, sin Vesper Lynd (Eva Green), una mujer que, como Elektra, enamora a Bond para luego traicionarle. La sombra de Vesper es la que mueve todas las acciones del héroe en Quantum of Solace: puede que se engañe a sí mismo pensando que la única razón por la que deja marchar a Camille es para evitar que comparta el mismo destino que todas sus amantes, pero uno tiene la sensación de que es ella quien ya ha llegado a esa conclusión. Su sed de venganza la convierte en un ser parecido a 007: por primera vez, la chica Bond no es una mera comparsa del héroe masculino, sino un complemento. No necesita que Bond la seduzca para tener una razón de ser, sino qye está en igualdad de condiciones desde el punto de vista dramático. Su necesidad de que el héroe la rescate de las llamas en el clímax impide a Camille ser la primera chica Bond completamente desvictimizada (o independiente), pero es un gran paso hacia una nueva década que debería estar orientada hacia un nuevo arquetipo femenino dentro de la saga.

5 comentarios leave one →
  1. MrDaine permalink
    03/11/2009 4:29 am

    Le ha quedado perfecto este post, oiga.

  2. 03/11/2009 10:07 am

    Hace poco revise Casino Royale y Eva Green le da a Vesper una profundidad y unos matices complejisimos. Se ve como la culpa pesa en su mirada y como hay una sombra en los momentos de felicidad.

    Pero bueno, que estoy con Daine, lo suyo, de aplauso.

  3. Noel permalink
    03/11/2009 12:22 pm

    Ustedes me ven con muy buenos ojos, pero gracias de todos modos.

  4. 03/11/2009 10:02 pm

    Excelente artículo, Maese Emperador. Aunque les lluevan las críticas, la nueva etapa de Bond me parece la mejor en años. Y Vesper es para mi gusto la mejor chica Bond de la saga.

  5. 04/11/2009 6:08 pm

    ¿Puede Camille regresar sin que pase NADA con James? Mmmmm…..Veremos.

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