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La literalidad extrema como traición (y II)

17/11/2009

4. Cuando se le pide que razone su proverbial alergia a cualquier adaptación cinemtaográfica de su obra, Alan Moore ofrece razones ciertamente interesantes. Por ejemplo, en esta entrevista con The Guardian: “Hay alguna cualidad en los cómics que hace posibles cosas que no puedes lograr en cualquier otro medio”. Más: “Con Watchmen, hicimos cosas sobre el papel que pueden ser francamente horribles, sensacionalistas o desagradables si las interpretas literalmente en un medio como el cine”. En otras entrevistas, a medida que se iba acercando el estreno de la película, Moore explicaba que él y Dave Gibbons concibieron la miniserie como una reflexión metalingüística de los cómics en cuanto medio de expresión. Esa es una de las razones por las que la historieta de los piratas es relevante: coloca al lector ante un marco dentro de otro marco, haciendo así que se plantee su propia posición con respecto a la obra. En un nivel de lectura superficial, Watchmen es la historia de unos justicieros enmascarados que deben formar equipo una última vez para detener el retorcido plan mesiánico de uno de ellos, decidido a aprovechar su condición de superhombre para cambiar el rumbo de la humanidad. La película de Zack Snyder hace lo que puede por traducir las tácticas posmodernas y la narrativa no lineal que Moore supo integrar en el lenguaje de la novela gráfica: es muy difícil que una superproducción comercial canalice a la perfección el joyciano flujo de conciencia del episodio narrado por el Doctor Manhattan, pero (al César lo que es del César) el director tampoco sale mal parado en su intento. El problema es que, básicamente, no pasa de ese primer nivel de lectura.

5. La reflexión sobre el propio medio es la razón de ser última de una obra como Watchmen. Su estudio del arquetipo superheroico supuso una deconstrucción y una búsqueda de alma en la ficción popular sin precedentes: el existencialismo por fin cabía en una viñeta. Moore asimiló los fundamentos de la narrativa posmoderna y los adaptó al universo cerrado de los tebeos, obteniendo como resultado un trabajo que tenía mucho de placer intertextual para los conocedores de la historia del cómic. Trasladar tal cual una obra que versa sobre los mecanismos de un medio de expresión artística a otro diferente acaba revelándose como una traición evidente, o al menos como una mera simulación epidérmica del original. Snyder pudo haber calcado hasta la última mancha de la gabardina de Rorschach, pero tendría que haber reparado antes en que el error fundamental estaba en el propio Rorschach. En el fondo, no en la forma. Por paradójico que suene, los protagonistas de un Watchmen cinematográfico realmente fiel a los postulados del original no deberían haber sido arquetipos de cómics, sino arquetipos de película: Sally Jupiter como una femme fatale octogenaria, el Comediante como un Clark Gable realmente crepuscular, el Búho Nocturno original como un detective a lo Humphrey Bogart, Dan Dreiberg como el Philip Marlowe altmaniano de El largo adiós (1973), Ozymandias como un villano del James Bond cinematográfico, Espectro de Seda II como la versión madura de la Jane Fonda de Klute (1971), Rorschach como una evolución del David Sumner de Perros de paja (1971)… Por supuesto, el tebeo de piratas sería sustituido por un serial cinematográfico de piratas, en el que el actor protagonista no dejara de mirar directamente a la cámara (con contraplanos del niño negro sentado en su butaca). Los personajes podrían reflexionar en voz alta sobre lo mucho que se parecen sus vidas a las de los personajes literarios en los que se inspiran y el clímax consistiría en un tiroteo, una pelea de tartas, un beso catártico y el Doctor Manhattan (un sosias de Clint Eastwood) caminando hacia el atardecer.  En suma, la única posibilidad de ser fiel a Watchmen hubiera pasado por remodelar Watchmen de arriba a abajo. Por rodar un Watchmen sin mención alguna a los superhéroes.

6. Aún sería necesario dar un paso más para alcanzar la adaptación definitiva de la obra de Moore y Gibbons. El Ultimate Cut ha convertido la historieta de piratas en un mediometraje de animación, lo que desvirtúa gran parte de su sentido y lo convierte en poco más que un extra vistoso. Otro error cometido en aras de la literaridad es trasformar los fragmentos de Under the Hood, la autobiografía de Hollis Mason, en un documental, cuando su potencial como postre de los primeros números de Watchmen residía, precisamente, en su condición de páginas con mucha letra y pocos dibujos en un medio caracterizado por presentar muchos dibujos y poca letra. Traducir esas páginas estáticas al lenguaje audiovisual es contraproducente: si Snyder quería literaridad, debería haber filmado un largo plano en HD de cada página del falso libro. Así, llegamos a la idea de montaje intelectual de Eisenstein, quien no en vano pretendía hacerle justicia a la teoría marxista con una adaptación (un Ultimate Cut avant la lettre) de El Capital que integrase una serie de imágenes dispares y aparentemente inconexas en un Todo que solo tendría sentido una vez decodificado por la mente del espectador. Así, el Ultimate Cut de Watchmen debería ser algo más parecido a un hipertexto que a un largometraje tradicional: un montaje no lineal de secuencias audiovisuales que despliegan una reproducción en movimiento (un motion comic) de la página original, fragmentos de animación, textos del libro de Mason o del New Frontiersman, archivos de audio con las canciones que cerraban cada episodio, fotografías del hongo atómico y de la superficie de Marte, clips de Los arquitectos del miedo superpuestos al clímax revisado de la película… El espectador formularía el significado abstracto de Watchmen a partir de esta sobredosis de significantes concretos. El resultado sería una adaptación tan fiel que solo tendríamos una opción al terminar de verla: quemar la novela gráfica original.

7 comentarios leave one →
  1. 17/11/2009 3:08 pm

    Creo que nadie lo había sabido explicar tan bien antes. El ejemplo en el punto 5 de como tendría que ser el Watchmen cinematográfico si reflexionase sobre su propio medio tal y como lo hace el comic del suyo es absolutamente brillante e ilustrativo.

    Llevaba usted razón cuando decía que lo gordo venía hoy. Uno de esos artículos para guardar.

  2. jab permalink
    17/11/2009 3:42 pm

    Estoy completamente deacuerdo con usted, especialmente en el punto 5, donde lo clava.

    Con todo, lo peor no es que Snyder no haya sabido hacer la correcta traslación de un medio a otro, sino las hordas de fans del cómic que le han reido la grácia. Snyder quizás ni siquiera haya pensado nunca en la verdadera naturaleza del material con el que estaba trabajando, pero es solo un tipo al azar. Lo preocupante es que muchos de los lectores del cómic tampoco lo hayan hecho.

    Felicidades por el árticulo, ha puesto usted en palabras un “run-run” que muchos teniamos en la cabeza y no sabiamos expresar

  3. Mycroft permalink
    17/11/2009 8:14 pm

    Interesante reflexión. En cualquier caso, me llama la atención ese Ozymandias como villano de Bond. Yo lo interpreto como seguidor de maquiavelo, como un Kissinger o un Andreotti (hacer el sacrificio de tener que obrar el mal para lograr el bien, decía el italiano retratado en Il Divo, Bentham mediante)
    Los villanos de Bond son personajes unidimensionales cuando no directamente ridículos. Hay algo trágico en Ozymandias, y es ese dilema el que hace que acabe aliado con alguien que se eleva a un nivel divino nietzscheano (Manhattan, trágico también)

  4. Apático permalink
    18/11/2009 1:02 am

    “los protagonistas de un Watchmen cinematográfico realmente fiel a los postulados del original no deberían haber sido arquetipos de cómics, sino arquetipos de película”

    Felicidades. Perfectamente razonado.

    “Wi Snyder quería literaridad, debería haber filmado un largo plano en HD de cada página del falso libro”

  5. 18/11/2009 2:57 pm

    Pedagogía de alto nivel, si señor.

    Mycroft no se confunda: de lo que habla el articulista es de una deconstrucción de esos arquetipos. Creo que las ideas no serían tan distintas ya que el reverso de un villano de Bond sería, justamente, un magnánimo incomprendido.

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