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Cero poderes, cero responsabilidad

10/03/2010

Una de las razones por las que Michael Chabon renegaba de El protegido era porque la película de M. Night Shyamalan no poseía el toque luminoso y más-grande-que-la-vida que, en su opinión, debería caracterizar a toda buena historia de superhéroes. Me interesaría muchísimo saber qué opina el escritor de Kick-Ass, una obra que consigue que deconstrucciones anteriores del mito superheroico parezcan un picnic a la orilla del lago. Escrito por Mark Millar y dibujado por John Romita Jr., este no es un cómic pensado para leerse por entregas (confieso haber dicho cosas muy feas de los primeros números), sino para ser analizado una vez leído en conjunto. Su primer arco argumental parte de una premisa quijotesca —¿qué sucedería si un lector de cómics apasionado decidiera ponerse un traje estúpido y salir a patrullar las calles de su barrio?— para acabar formulándose como una suerte de esperpento punk, cruel, ultraviolento y apocalíptico.

Para algunos lectores, su ataque frontal y despiadado a la mitología superheroica puede situarse varios kilómetros más allá de lo desagradable. Sé de lo que hablo: yo compré el tomo recopilatorio en Forbidden Planet y lo leí en una noche de insomnio en el aeropuerto. Los dos últimos capítulos, en los que Millar parece decidido a aumentar las hipérboles políticamente inaceptables hasta el once (en otras palabras, a escribir cosas que jamás de los jamases podrían aparecer en la inminente adaptación al cine), me dejaron con el estómago revuelto y las neuronas en centrifugación. No es que el guionista trate de esquivar el lugar común: es que le dispara en la cabeza, lo sodomiza y le vuelve a disparar una vez más, por si acaso. Uno podría argumentar que Millar pasa del humor negrísimo y la sátira cultural de los primeros números a una forma extremadamente incómoda de crueldad para con sus personajes. Sin embargo, Kick-Ass merece un puesto privilegiado en la evolución del arquetipo superheroico: si Superman era la figura mesiánica que miraba al lector desde arriba, Peter Parker era su alter ego idealizado y Dan Dreiberg su doble en el espejo deformante, Dave Lizewski es un nuevo concepto: el primer superhéroe (o así) al que realmente podemos compadecer.

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2 comentarios leave one →
  1. Apático permalink
    11/03/2010 10:44 am

    Tampoco es pena. Lo que vendría a decir es que en el mundo real solo un masoquista extremo desearía ser un superhéroe. Y es cierto.

  2. Noel permalink*
    11/03/2010 3:01 pm

    Muy bien visto lo del masoquista extremo. Con todo, no puedo dejar de pensar en la cantidad de superhostias que Dave recibe en toda la cara hasta que Millar considera que ya son suficientes.

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