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Blockbusters ’10: “Iron Man 2”

28/04/2010

El primer Iron Man (2008) hizo algo más que presentar ante el gran público una versión afinadísima (vía Robert Downey Jr.) de uno de los pilares básicos del Universo Marvel. A saber: sentar las bases para reproducir ese universo en la gran pantalla, iniciar la primera fase de un plan de largo alcance que concebiría cada película estrenada por los recién nacidos Marvel Studios como una pequeña parte de un todo interrelacionado. No veremos el resultado final de esa estrategia hasta 2012, cuando la ambiciosa adaptación de Los vengadores fusione las diferentes líneas narrativas de cada uno de sus héroes en una única superproducción. Deberíamos, pues, acostumbrarnos a que los próximos blockbusters marvelitas transmitan una extraña sensación de película de transición: así, Iron Man 2, secuela del éxito que lo inició todo, se ve forzada a alcanzar un equilibrio entre su necesidad de continuar la historia planteada en la primera entrega y su voluntad de servir como prólogo a futuros eventos. Todo lector de Los Ultimates no puede más que emocionarse cada vez que Nick Furia (Samuel L. Jackson) o la Viuda Negra (Scarlett Johansson) entran en escena, pero todas sus secuencias parecen interferir (en lugar de complementar) el resto de tramas. Nos encontramos ante toda una rareza: la primera secuela que no introduce ningún cambio sustancial en lo que ya había al final de su predecesora, sino que se postula como el trailer de otra película diferente.

Hay otro elemento que diferencia a Iron Man 2 de la norma: tras decenas de calcos del modelo acuñado por El Imperio contraataca (1980), esta secuela se niega a transitar por caminos más oscuros que los de su predecesora. Jon Favreau revalida su condición de refrescante alternativa a la grandilocuencia afectada de Christopher Nolan, pese a que su protagonista se enfrente a las consecuencias de su nueva vida como único gestionador de la paz mundial. Justin Theroux incorpora al guión ciertos elementos de Extremis, uno de los arcos más importantes de la última etapa de Iron Man en los cómics, que ya sirvió de base para todo el primer acto de la anterior entrega. Sin embargo, ninguno de los tres responsables del Tony Stark cinematográfico (Favreau, Downey Jr. y Theroux) se plantea llevar hasta las últimas consecuencias el proceso de decadencia física y renacimiento planteado por Warren Ellis. Lo que nos ofrecen a cambio es pura y dura diversión veraniega, con set pieces tan poderosas como el primer encuentro con Whiplash (Mickey Rourke) en Mónaco. Puede que el director no esté especialmente dotado para la hipérbole visual, pero la acción de Iron Man 2 resulta mucho más vistosa que la primera vez, lo que da como resultado una suerte de hiperrealismo superheroico y puramente marvelita (las secuencias ambientadas en la Expo son un prodigio en ese sentido). Lástima que Favreau, al contrario que (pongamos por caso) el J.J. Abrams de Star Trek (2009), no haya logrado conciliar el tono lúdico con la emoción del gran espectáculo: su película es tan festiva y deliciosa como, en último término, intrascendente.

Al contrario de lo que sucedía en Spider-Man 3 (2007), la superpoblación de villanos no aturde ni se antoja excesiva. Sam Rockwell brilla como solo él sabe hacerlo en un personaje que, básicamente, sirve de apoyo a la rabia vengativa de un Whiplash algo desaprovechado. Su Justin Hammer, casi un Richard Branson contaminado por Peter Sellers, es el único capaz de hacer que nos olvidemos (aunque sea por un instante) que este es el show de Tony. Con su carisma intacto, Downey Jr. nos lleva a lugares sensibles —El demonio en una botella está, de algún modo, en el ADN de esta película— sin que perdamos nunca nuestra admiración por el único superhéroe que resulta más atractivo sin su traje que con él. Lástima que hayamos perdido gran parte del factor sorpresa y, sobre todo, del encanto de su relación con Pepper (Gwyneth Paltrow): si la idea era homenajear a la screwball comedy en los diálogos entre jefe y empleada, el resultado no podría haber sido más desastroso y enmarañado. La química con Rhodey (Don Cheadle) también ha desaparecido casi del todo, aunque quizá se deba a que Tony ha encontrado un nuevo y muy interesante interlocutor: su padre, cuya presencia fantasmal en la trama contiene ecos de Walt Disney y Robert Oppenheimer (respectivamente, la cara amable y la cara horrible de la Norteamérica del progreso). En suma, Iron Man 2 está lejos de ser una decepción, pero se queda en el notable cuando, a priori, tenía material de sobra para escalar hasta la matrícula de honor.


Va a ser muy difícil que cualquier otro blockbuster ofrezca más diversión que Iron Man 2 en sus puntos álgidos. Temeroso de arriesgar más de la cuenta, el Viejo Cabeza de Lata ya nos ha ofrecido dos correctos vuelos de prueba: ojalá la próxima vez que lo veamos se eleve hasta el lugar que le corresponde en la estratosférica del cine-espectáculo.

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5 comentarios leave one →
  1. 28/04/2010 4:37 pm

    Quiso que le gustara pero…

  2. Noel permalink*
    28/04/2010 4:43 pm

    ¡Oiga, que me ha gustado!

  3. 29/04/2010 1:44 pm

    Comparto en su totalidad lo suscrito. Parece una película de transición, sin querer arriesgar. Es lo que se echa en falta, aunque contiene suficientes dosis de espectáculo para que al menos no decepcione en exceso.

    Saludos

  4. Apático permalink
    02/05/2010 10:07 pm

    Yo creo que la peli sí cumple la norma de que la segunda parte es la que hace que el héroe entre en crisis y se vuelva más dramático y hasta oscuro para salir renacido de la experiencia. Pero es lo que dices, que lo suavizan mucho. De ahí que la peli sea divertida pero un poco sosa en la parte de los problemas de Tony y su inevitable renacimiento como persona y como héroe.
    No evitan la norma pero intentan jugar con ella. Y no salen mal parados. Pero se hubiera agradecido que se saltaran la norma y pasaran directamente a la acción tecnoerótica desenfrenada, para mí verdadera razón de ser de este Iron Man de cine.

  5. Noel permalink*
    03/05/2010 5:41 pm

    Hombre, Tony Stark necesita un conflicto para funcionar, para hacerlo más humano. Un Tony sin problemas no nos caería nada bien: tanta chulería se justifica porque lo vemos sufrir. A mí me parece más oscuro todo lo que sucede en la cueva de la primera entrega: aquí sabemos que el núcleo de energía que tiene en el corazón le está haciendo pupita y vemos que se pasa con el alcohol en una fiesta (además de perder a sus amigos), pero sus responsables tienen el buen juicio de impedir que todos esos nubarrones tomen el control de la película. O sea, que los nubarrones son importantes, pero el cachondeo actúa de contrapeso.

    Hm, creo que me está viniendo un nuevo post…

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