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Romance bad

26/05/2010

En su fabuloso ensayo Screams of Reason: Mad Science in Modern Culture, David J. Skal establecía una línea directa entre la Elsa Lanchester de La novia de Frankenstein y las divas de la música pop: ese peinado a lo Nefertiti de la electricidad era, por decirlo de alguna manera, la síntesis capilar del estilo Art Deco imperante en la Norteamerica de los años treinta. Es una lástima que Skal escribiera el libro en 1998, pues la personificación más diáfana de su teoría no se hizo popular hasta diez años más tarde: estoy hablando, por supuesto, de Lady Gaga, la primera estrella del pop que podría ser considerada, también, autora e icono de ciencia-ficción. Este post de io9 se hace eco del estreno en Cannes de Tender Son: The Frankenstein Project, una relectura chiflada de la novela de Mary Shelley que, al parecer, fue más interesante por lo que había en la alfombra roja que por lo que había dentro. De hecho, aún no sé a que espera Lady Gaga para rodar uno de sus videoclips épicos (en lo que a duración y presupuesto se refiere) inspirado en la película de James Whale. Quizá sea demasiado obvio para ella…

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