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El detective incongruente

09/06/2010

Pregunta: ¿cuál fue la primera obra que convirtió a Sherlock Holmes en un cartoon? Respuesta: no es el fabuloso anime antropomórfico firmado por Hayao Miyazaki y Kyosuke Mikuriya. Al menos, no exactamente. A lo largo de 1928, Enrique Jardiel Poncela publicó en revistas semanales una serie de relatos que, años más tarde, recopiló en El libro del convaleciente (1930) bajo el título genérico de Novísimas aventuras de Sherlock Holmes. La serie se convirtió en un éxito y, en consecuencia, Jardiel aprovechó la trama del último relato —más ciertos detalles del prólogo— para componer una novela corta, Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull (1936). Todo ello ha sido recogido por la editorial Rey Lear en su imprescindible (para los completistas, al menos) Sherlock Holmes visto por Jardiel Poncela.

Jardiel se acerca al personaje de Arthur Conan Doyle con un sentido del ritmo y un humor que, pese a ser (indudablemente) marca de la casa, convierten al detective y a su autor-ayudante en algo muy parecido a personajes de dibujos animados. Los primeros párrafos de El hombre de la barba azul marino, en los que Jardiel se ve obligado a perseguir a pie un tren en el que el sabueso viaja agarrado al tope del último furgón, se nos antojan más cercanos al universo de Tex Avery (o a una primeriza aventura de Mortadelo y Filemón) que al Londres victoriano. Con todo, también podríamos estar ante el guión apresurado para un quimérico corto animado que Terry Gilliam hubiera podido colar en el Monty Python’s Flying Circus. Jardiel se empapó del estilo deductivo que caracterizaba las narraciones de Conan Doyle y, acto seguido, procedió a retorcerlo y dinamitarlo con una serie de narraciones que componen, sin duda, una de las páginas más heterodoxa dentro de la gran enciclopedia de Holmes apócrifos.

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3 comentarios leave one →
  1. 11/06/2010 11:30 pm

    Hermoso post. Absolutamente de acuerdo con lo escrito.

  2. 12/06/2010 9:14 am

    Yo no sé si estaría tan de acuerdo con lo de Gilliam (aunque sí con lo de Avery, o incluso Chuck Jones), pero en cualquier caso los textos son geniales, la edición de Rey Lear estupenda…y me acabas de ahorrar una reseña 😛

  3. 31/07/2012 12:17 pm

    Resolviendo casos con la lógica aplastante del absurdo 🙂

    (“El libro del convalenciente” creo que no fue publicado en el año 1930, sino durante la guerra civil, y de ahí lo de los “convalecientes”)

    Un saludo.-

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