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Movimiento sexy

15/06/2010

Dos días antes de que comenzara oficialmente el E3 —la convención de videojuegos más importante de este o de cualquier otro planeta—, Microsoft organiza una exhibición especial en Galen Center de Los Angeles, contrata al Cirque du Soleil y, bueno, lanza una bombaca en la cara del futuro de los videojuegos. Kinect es el sensor de movimiento pensado para eliminar a la competencia actual (Wii) y a la que aún no ha nacido (PlayStation Move), asegurándose así que la actual década tenga el color verde de la nueva y más delgada Xbox 360. Por supuesto, se trata del resultado final de aquel Proyecto Natal (por cierto: ese nombre molaba, lástima que nadie más que yo lo supiera ver) que se presentó hace meses con el beneplácito del mismísimo Steven Spielberg. También es la piedra angular de un plan que pretende postular a Microsoft como sinónimo de entretenimiento familiar, un mercado de lo más lucrativo que, por el momento, ha conseguido que Nintendo haya vendido 70 millones (y subiendo) de Wiis.

Kinect es, en pocas palabras, un controlador de juego libre: el usuario no tiene más que colocarse frente al sensor (webcam + micrófono + escáner) y podrá interactuar con la consola sin necesidad de más controles que su voz y los movimientos de su cuerpo. Sobre el papel, la idea no es mala. De hecho, es incluso un poco (solo un poco) revolucionaria. El problema del evento vino cuando Microsoft presentó los títulos con los que Kinect planea salir al mercado el próximo mes de noviembre. Quizá la mejor manera de definirlos sea compararlos con sus homólogos de Wii o DS: Kinect Sports es el equivalente a Wii Sports, Dance Central (en la foto) es una versión de Just Dance, Kinectimals es un Nintendogs en pantalla grande, Your Shape es un intento de canalizar los usuarios de Wii Fit… También hay un interés por atraer a los entusiastas del yoga y un, sigh, juego de Sonic. De todos modos, en Microsoft son demasiado astutos como para descuidar a un tipo de consumidor más interesado en la Fuerza que en el Tai Chi.

Como me comentaba Tones esta mañana, el sistema de juego parece hacerlo todo francamente bien… hasta que el personaje empieza a moverse. La estrategia de copiarle conceptos a Nintendo parece lógica a corto plazo, pues la Wii ha demostrado que el sistema funciona con experiencias de juego fundamentalmente estáticas (¡oh, ironía!) y destinadas sobre todo al jugador infantil. El verdadero reto de Kinect está en triunfar allí donde la consola blanca no lo ha hecho, es decir, en seducir también al jugador no casual. O, al menos, a aquel que no se deje engañar a la primera por los cantos de sirena de un sable láser. En cualquier caso, parece que el objetivo a corto plazo (acaparar todos los focos del E3) ya está cumplido…

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