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Blockbusters ’10: “Noche y día”

16/07/2010

El sentido común nos dice que un blockbuster es una máquina de precisión casi industrial, donde cada aspecto parece estar sujeto a férreas normas previamente testadas, pero la experiencia nos ha ofrecido un buen puñado de casos en los que una cierta ilusión de improvisación se apodera de lo que debería haber sido pura y rutinaria fórmula. Ocurrió en Sr. y Sra. Smith (2005) o en Ocean’s 13 (2007), ejemplos de una forma increíblemente extraña de cine confesional de alto presupuesto, donde resulta difícil desentrañar dónde acaba la estrella (o, al menos, la percepción pública de la estrella) y empieza el personaje. Tom Cruise, que sincronizó los avatares de Ethan Hunt en M:i:III (2006) con su propia sobreactuación romántica en Oprah, parece haber encontrado en el Roy Miller de Noche y día a su personaje definitivo: la suma de todos los Tom Cruise posibles, de todos sus blockbusters precedentes y de su imagen pública. Para el crítico británico Ian Nathan, la película se puede leer como una reinterpretación de Notting Hill (1999) en clave de aventuras, especialmente cocinada para todas esas espectadoras que sueñan con tener una cita con un ídolo de la pantalla. Quizá eso explique por qué el personaje de Cameron Diaz resulta tan aburrido y poco perfilado, o por qué su química con Cruise parece estar marcada por la apatía. Noche y día tiene otros problemas que impiden su ingreso en esa galería de blockbusters jazzísticos: la poca mano izquierda de James Mangold para las secuencias de acción y la decisión de dotar de matices a un protagonista que funcionaba mejor como pura abstracción del placer cinéfago son los dos que nos vienen primero a la cabeza. Con todo, sería ingrato no recomendar un trabajo tan chispeante como este en un verano lleno de medianías: en sus puntos álgidos, Noche y día es un divertido cóctel (eso sí, sin alcohol) que hace gala de un descreimiento narrativo y un uso juguetón de la suspensión de la incredulidad que se dirían heredados del mejor McG.


No contiene nada capaz de hacer que nos acordemos de ella cuando llegue septiembre  y se empeña en quedarse siempre más cerca de lo convencional que de lo extraordinario, pero Noche y día es un amor de verano por el que merece la pena dejarse llevar.

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