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Complejo de Mesías

04/08/2010


Habla Bill Hicks:

“Estaba en Australia cuando ocurrió la debacle de Waco: los australianos sentían una gran fascinación por la secta davidiana, y yo soy de Texas. Así que se mostraron muy curiosos. Siempre me preguntaban por ello: ‘Oh, este tío es tan raro. El tal Koresh es tan raro‘. Y yo pensaba: ‘Vale, espera un minuto: un músico frustrado con complejo de mesías, armado hasta los dientes y tratando de follarse a todo lo que se mueve. No sé cómo deciros esto, pero se parece mucho a todos mis amigos en Austin'”.

Hicks incluyó estea referencia a los davidianos en un monólogo de 1993, cuando los cuerpos de David Koresh y 74 de sus seguidores aún seguían calientes como resultado de un incendio (iniciado y/o avivado por el gobierno estadounidense) ocurrido al final del asedio en su rancho de Waco, Texas. Chuck Klosterman invoca el incidente en uno de los ensayos de su reciente Eating the Dinosaur, y lo hace con un buen motivo: ligar el desastre davidiano con la publicación de In Utero, el tercer y último disco de Nirvana. Lo que en principio puede sonar a provocación arbitraria se revela, muy pronto, como síntoma de lucidez extrema: las vidas paralelas de Koresh y Kurt Cobain parecían destinadas a coincidir en ese punto exacto de los años noventa. Klosterman sostiene que ambos encontraron su manera de gestionar su complejo mesiánico (autoinducido en el caso del líder sectario, impuesto en el caso del músico) hasta que este acabó explotándoles en las manos. También realiza una certera reflexión sobre por qué los únicos rockeros que destrozan sus instrumentos al final de un concierto son los que pueden permitirse otros nuevos: en el caso de Cobain, las guitarras que rompía hacia el final de su carrera le eran proporcionadas (al parecer) por el jefe de su discográfica, ya que la estrella no quería destrozar la Fender Mustang que le acompañó durante la grabación de sus discos. “Aún rompía cosas en beneficio de otras personas”, concluye Klosterman, “pero solo cosas que no quería ni necesitaba”.

Todo esto para recomendaros encarecidamente la lectura de Eating the Dinosaur o, ya que estamos, de cualquier cosa de Chuck Klosterman.

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2 comentarios leave one →
  1. 04/08/2010 2:17 pm

    Off to Amazon !!!

  2. 05/08/2010 5:04 pm

    Interesante, aguda reflexión, aunque personalmente creo que Kobain era como mínimo consciente de su propio mesianismo, tal vez de modo ambivalente. Hombre, ninguno estamos en la mente de estos Cristos noventeros, pero probablemente a pesar del tremendo valor simbólico, paralelismo, y toda la zarandaja, la carta de suicidio de Kurt muestra claramente que estaba tan agotado, que más que un delirio de grandeza, tenía un hartazgo “a lo Cioran” del inconveniente de estar vivo y ser un mito.

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