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De vuelta a lo Pilgrim

23/08/2010

Reincorporarse a la rutina no está tan mal si, en el proceso, descubres el videojuego más alucinante de lo que llevamos de año. Scott Pilgrim vs. the World: The Game es algo aparentemente difícil de definir: un beat ‘em up de la vieja guardia inspirado en una película inspirada en una serie de novelas gráficas inspiradas (en gran parte, al menos) en las mecánicas de los beat ‘em ups de la vieja guardia. Quizá lo más impactante del juego es que logra que todo este laberinto metalingüístico carezca de importancia, pues lo más destacable de una primera partida a Scott Pilgrim vs. the World es esa sensación de que se ha cerrado el círculo. En el primer tomo, Scott recoge las monedas que se materializan en el lugar del ex novio malvado al que acaba de vencer: es la primera señal explícita de que el universo aparentemente hiperrealista que Bryan Lee O’Malley ha trazado con tanto esmero se rige, en realidad, por las leyes de un cartucho para la NES. Por tanto, convertir un argumento estructurado en torno a siete final bosses en un videojuego que fusiona la épica callejera de River City Ramson con el brillante candor de Super Mario resulta un gesto natural, una importantísima estación de paso en un proceso de mezcla de lenguajes que, intuimos, tendrá su apoteósico destino final en la cinta de Edgar Wright, la única versión que puede hacer justicia a la fusión de estilos audiovisuales y narrativos que componen la Experiencia Pilgrim.

Hay dos elementos más que convierten a este título de Ubisoft en todo un acontecimiento: a) Paul Robertson, creativo y animador afincado en Finlandia, se ha encargado de la dirección artística, lo que ha dado resultado una estimulante sincronización del estilo de O’Malley con la inconfundible huella autoral del creador de Hyper Parsnip Bitches o Pirate Babys Canaba Battle Street Fight 2006 (permitiéndose incluso guiños y cameos); y b) su altísimo grado de sofisticación visual, que lo convierte en el juego más bonito que uno se puede echar actualmente a la cara. No es fácil acercar la épica del brawler de recreativas a la escena independiente de Toronto (si hay algo que Scott Pilgrim ha puesto en el mapa, es la escena independiente de Toronto), pero el juego lo consigue a través de unos fondos llenos de detalles y, sobre todo, de la banda sonora de Anamanaguchi, verdaderos virtuosos del chiptune con sensibilidad punk. La cosa está así: diez euros en PlayStation Network (ya mismo) o Xbox Live Arcade (a partir del 25 de agosto). Para la película, eso sí, habrá que esperar más: su distribuidora ha decidido retrasar su estreno hasta el 10 de diciembre, un movimiento que podría o no estar relacionado con las fechas en las que se celebra el Expocómic madrileño…

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