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Clichés SF

03/09/2010

Estoy disfrutando como nunca con la nueva sección de ciencia-ficción 101 que ha abierto la imprescindible io9.com. Para los pocos versados en el género, es una oportunidad de oro para iniciarse sin perder la paciencia; para los que ya estamos más que familiarizados con él, es una oportunidad para replantearnos muchas ideas preconcebidas, ordenar conocimientos y descubrir el origen o las razones de muchas cosas que nos gustan de manera instintiva. Por ejemplo, este artículo sobre los diez lugares comunes más afortunados de la ciencia-ficción explica de manera clara y concisa algunas ideas que nunca viene mal que recordemos. Con todo, yo hecho en falta uno de los arquetipos (si no EL arquetipo) que propulsó el género desde sus primeros balbuceos hasta los trabajos de los llamados padres fundadores, Jules Verne y H.G. Wells. Hablo, por supuesto, del mad doctor, cuyo primer exponente se puede encontrar en la mismísima pieza fundacional de la ficción especulativa —Frankenstein, que trazaba una línea directa desde el alquimismo hasta esa nueva ciencia a la que ya en 1818 se le empezaba a adivinar un lado siniestro— y en la primera obra que se planteó en clave científica un tema que, hasta entonces, había pertenecido en exclusiva al fantástico sobrenatural —El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que contiene a al primer doble generado por la química (y, por tanto, tangible), en lugar de por otro plano de la realidad o por la psique del protagonista—.

Quizá el ejemplo icónico se lo debamos atribuir a Wells y a su El hombre invisible, cuyo protagonista (Griffin) es el primer científico chiflado que planea utilizar su conocimiento avanzado para conquistar el mundo, dando origen así al arquetipo que se establecería a lo largo de todo el siglo XX (propulsado por los pulps, los dibujos animados y, sobre todo, la vida real, con Hiroshima, Josef Mengele y la oveja Dolly a la cabeza). ¿Y el giro moderno? Probablemente, esté en una película tan poco sospechosa como Gamer. Ken Castle, el personaje interpretado por Michael C. Hall, es el primer mad doctor de la década de Steve Jobs: el primero que ha asimilado la función social de los gurús de las nuevas tecnologías, ha fusionado esa figura con nuestras ansiedades ocultas con respecto al post-humanismo (¿qué diferencia hay entre una conferencia de Apple y los cultos transhuman que nos animan a dejar la carne atrás y abrazar nuestros e-cuerpos?) y ha creado al villano perfecto para la nueva era. Cambiar las probetas humeantes por los tablets: ahí está el secreto del post-mad doctor.

7 comentarios leave one →
  1. 03/09/2010 4:20 pm

    Muy de acuerdo con el comentario del mad doctor contemporáneo. Y qué pena que io9 sea tan lastimero siempre, y se niegue, casi sistemáticamente, a incluir el Solaris de Tarkovski y sea tan, tan anglocéntrico en toda su selección.

  2. Noel permalink*
    03/09/2010 4:27 pm

    Le pasa lo mismo a autores como David J. Skal o Kim Newman, pero hay que acotar, Singer, hay que acotar. Intentar realizar un estudio de la ciencia-ficción internacional, a lo bruto, puede ser una labor suicida e insomne: CRÉAME.

  3. Vivaldo Moore permalink
    04/09/2010 3:25 am

    Es cierto, Noel, lo de la ausencia del mad doctor. Y cabe señalar tres ausencias igualmente criticables: no hay ninguna referencia a historias utópicas, distópicas (con el punto 9, no alcanza, ya que deja de lado iconos como “1984” y la idea de gobiernos totalitarios, mundiales o galácticos) o ucrónicas, que son también sólidos pilares de de s-f.

    Podría señalarse, también, que el antecedente del tema la-inmortalidad-no-es-tan-guay-como-parece está en uno de los viajes de Lemuel Gulliver.

    Qué raro hayan dejado de lado a Swift y a Orwell siendo tan británico todo ¿no?

  4. 04/09/2010 5:19 pm

    Hay una diferencia, creo. Como decia Skal, el mad doctor es la encarnacion de nuestros miedos tecnologicos. Este mad doctor a lo Ken Castle o Steve Jobs no creo que nazcan de un miedo a lo tecnificado (el ipad es nuestro amigo) sino a un supervillano que controle nuestra libertad e independencia, esa que creemos tener con la red y las tecnologias.

  5. verg permalink
    04/09/2010 6:04 pm

    la figura del cientifico con aspiraciones de omnipotencia no tiene su origen en el ambito de la literatura sino en el del pensamiento. en realidad fue francis bacon ( el filosofo, por supuesto, no el genio de la pintuta contemporanea) quien introdujo en esa disciplina la “voluntad de poder”, al establecer la ecuacion “progreso cientifico-dominio de la naturaleza”; union santificada en el mundo protestante desde entonces (y que esta en la base de su tradicional superioridad material sobre el catolico), inexplicable sin la dimension tecnologica que la hace posible y que, a su vez, impide toda clase de amateurismo en este campo. el ultimo exponente de una vision idealista y estetizante del pensamiento cientifico fue Goethe, cuyas hipotesis alternativas a las ideas de newton ,reivindicadas solamente en otros dominios como el de la antropologia (vease el caso de levi-strauss),hoy nos parecen pueriles, aunque muuy hermosas. por cierto, que una de la vias mediante las que se ha tratado de justificar la tauromaquia es justamente su posible vinculacion son estas ideas desde el momento en que se considera al torero como el encargado de someter las energias naturales de la bestia.

  6. C. Rancio permalink
    06/09/2010 2:46 pm

    El originario Mad doctor en su faceta megalómano-delincuente (no la de temerario descubridor de secretos-que-no-deberían-saberse) es el tremendo Doctor Cornelius del folletín de Gustave Le Rouge. Pero como se trata de una cosa francesa, ni los anglosajones ni nosotros la conocemos.

  7. Noel permalink*
    06/09/2010 3:00 pm

    Es muy cierto. De hecho, he leído varios estudios que apuntan al Griffin de El hombre invisible como instaurador del arquetipo, sin tener en cuenta que ya estaba más que asentado en el folletín. Luego está la vehemencia de Griffin, claro, que quería coronarse a sí mismo como El Hombre Invisible Iº…

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