Skip to content

What’s my age again?

13/09/2010

A mediados de agosto, el New York Times publicó un extenso artículo titulado What is it about 20-somethings?: en líneas generales, su autora (Robin Marantz Henig) argumenta que los veinteañeros de hoy en día tardan más en alcanzar la madurez que los de décadas anteriores, un fenómeno que intenta explicar a través de vagas referencias sociológicas y, más importante aún, recientes descubrimientos en el campo de la neurociencia. La periodista explica que hay zonas de nuestro cerebro que no se activan hasta alcanzar los 25, algo que le lleva a proponer un nuevo estado entre la adolescencia y la edad adulta (lo que los anglosajones han descrito como “young adult” o “late teens”) que se ajuste a la cambiante realidad de una sociedad post-recesión económica en la que la independencia financiera es una meta cada vez más difícil de alcanzar.

Cumplí 25 años en julio, lo que significa que esa zona especial ultrasecreta de mi cebrebro se acaba de activar o se está activando mientras escribo estas palabras. No lo sé, aún no he notado nada. No me siento más adulto, pero sí siento que artículos como el de arriba responden a una pulsión social que precede de mi generación y que, de hecho, tiene su origen en los baby boomers, la primera generación que convirtió la adolescencia en mercado, fetiche y edén autocombustible (no necesariamente en ese orden). Desde entonces ha existido una glorificación de la juventud que, inevitablemente, condenó a las generaciones posteriores a ingresos progresivamente más traumáticos en la edad adulta. La Generación X lo pasó tan mal que sus miembros siguen mostrando secuelas psicológicas más que evidentes. Prueba A: su fetichización patológica de la cultura juvenil les ha llevado a organizar cosas como newmindspace.com (o su adaptación local con motivo de la Noche en Blanco), casi intentos desesperados por volver hacia atrás en el tiempo. Prueba B: las películas de Adam Sandler.

La glorificación de la cultura juvenil hace que deseemos posponer nuestra negociación con la edad adulta durante todo el tiempo que nos sea posible. Ahora, a tenor del artículo de Marantz Henig, hemos encontrados razones científicas para comprar unos cuantos años más de inmadurez. Lo que sea para sentirnos mejor por las noches.

7 comentarios leave one →
  1. 13/09/2010 5:21 pm

    A este paso el carné joven será hasta los 99 años

  2. 13/09/2010 5:30 pm

    Yo estoy de entrevistas de trabajo y los sueldos que ofrecen para un titulado ingeniero superior es para llorar un poco en las faldas de mamá. Cuando coges experiencia parece que la cosa mejora, pero para conseguir independencia económica para emanciparse hace falta un buen tiempo.

    Luego está lo del síndrome de Peter Pan que es como llaman a veces al tema este de late teens. Se ha implantado en la sociedad la idea de que cuando somos jóvenes o niños es lo más y lo que viene después no vale la pena nada. Es otra manera más de tenernos alienados en la inopia de la juventud y de no afrontar los problemas reales. Hay tanta gente ensimismada en su regresión a la infancia que a veces da hasta miedo.

  3. 13/09/2010 7:20 pm

    Que razón tiene el artículo (por encima)… paso de los 25, por lo que llego a ver esa línea de lo que nos ha tocado y lo que les toca a los que vienen y los que vendrán después…por lo que no me extraña que la vuelta a la época infantil sea cada vez más sucesiva.

    Mismamente me toca volver tras unos 7-8 años de independencia a casa de mis padres. ¡Toma r-evolución!

  4. laminoritaria permalink
    14/09/2010 11:32 am

    Me parece muy interesante esta reflexión. Como coetaneo de la generación X (tengo 35) veo en muchos amigos esas secuelas que cuentas. Creo que has clavado bastante bien el asunto con la palabra “fetiche” A veces resulta algo patético ver a gente que ya peina canas intentando parecer más joven y desfasando como locos cuando, es evidente, que los cuerpos, motivaciones y actitud vital de 20 años no son los mismos que los de 35 (ni las resacas…)

  5. Ike Janacek permalink
    15/09/2010 5:10 pm

    Hasta los 35 puedes concursar en algunos concursos para “jóvenes”. Después de eso la Nada, la congoja existencial, el ninguneo universal, el ir mirando esquelas en el periódico, el quitar el polvo a las figuritas de la Marvel escuchando Gloomy Sunday…

    De todos modos sólo quería citar aquello que a Seth, el protagonista de “The Reflecting Skin”(ópera prima de Philip Ridley en 1990), le decían:

    “Un día te despertarás y todo habrá pasado. Tu bonita piel se arrugará y marchitará. Perderás el pelo, la vista, la memoria. Tu sangre se espesará.Tus dientes se te pondrán amarillos y se caerán. Comenzarás a oler mal y a tirarte pedos. Y todos tus amigos habrán muerto.
    Sucumbirás a la artritis. Infarto. Demencia senil. Te mearás encima, te cagarás encima. La boca llena de saliva…
    Ruega para que cuando eso pase tengas a alguien que te quiera.
    Porque si amas seguirás siendo joven.”

    Acojona, ¿eh?
    Disfrute su juventud, brillante pipiolo ( por edad tan sólo, que conste).

  6. Ezequiel permalink
    25/10/2010 12:50 pm

    Muy buen artículo. Me gustaría que profundizaras mas el termino “young adult” y el artículo de Henig.

Trackbacks

  1. El mundo está preparado para Jackass « Emperador de los Helados

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: