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El victoriano corazón de las tinieblas

16/09/2010

Desde que Robert Bloch mezclase el vampirismo con los crímenes de Whitechapel en su excelente relato Yours Truly, Jak the Ripper (1943), el recurso de Jack-como-vampiro ha sido exprimido hasta la saciedad por prácticamente cualquier autor con ganas de darle un giro fantástico al puré de guisantes victoriano. En principio, uno podría pensar que La era de Drácula (ed. Alamut) podría ser otro ejemplo de esta tendenca, pero Kim Newman sabe lo que se hace demasiado bien como para caer en el lugar común. Su Jack no es un vampiro, sino un asesino de prostitutas vampiras. Y tampoco estamos ante un whodunnit? al uso: la identidad del criminal queda explícitamente establecida en la primera página, y cualquier lector de Bram Stoker estará ya familiarizado con él.

Entonces, ¿qué es La era de Drácula? Sobre la superficie, es un pastiche multitudinario a la manera de Philip José Farmer, amén de una suerte de cronología alternativa en la que Drácula derrota a sus patéticos rivales en su primer ataque, ordena clavar la cabeza de Van Helsing en una pica y se casa con la reina Victoria, convirtiéndose en príncipe consorte de un imperio que, hacia 1888, ya ha proporcionado toda una larga lista de tenebrosas variantes al concepto de decadencia. Especialista con años de erudición a sus espaldas, Newman demuestra su conocimiento exhaustivo del fantástico anglosajón (y no solo) al poblar los callejones de su novela con personajes tan estimulantes como Henry Jekyll, Sebastian Moran, Lord Ruthven o Daniel Dravot, por mencionar a unos pocos. En cierto sentido, nos encontramos ante un trabajo que podría entenderse como el nexo de unión entre dos de las obras mayores de Alan Moore: From Hell y el primer volumen de The League of Extraordinary Gentlemen. Como él, Newman no convoca un baile de creaciones pertenecientes a nuestro imaginario colectivo simplemente para divertirse, sino que hay una compleja, interesantísima tesis detrás (anunciarla aquí, no obstante, sería arruinar la sorpresa del magnífico capítulo final).

Sin embargo, la novela es condenadamente divertida. De hecho, coloca a una pareja de investigadores a lo Steed y Peel en plena época victoriana, atribuye al Lestat de Anne Rice el origen de la moda gótica (y a Gilbert & Sullivan su primera parodia), sustituye de forma brillante a los masones por el Club Diógenes, crea todo un fascinante universo de reglas vampíricas con referencias incluso al Martin de George A. Romero y funda toda una saga que, por ahora, se extiende a otras dos novelas y multitud de relatos cortos. Quién mejor que el príncipe de las tinieblas para darle la bienvenida a este otoño naciente.

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5 comentarios leave one →
  1. severian permalink
    16/09/2010 12:38 pm

    Alguno sin saberlo habrá visto esta novela como “El año de Drácula” editada hace algunos años por Timun Mas. A mí me gustó todavía más la segunda parte, “El sanguinario barón rojo”, también en Timun Mas. Y para los cinéfilos, la tercera, “Dracula Cha-Cha-Cha”, con los personajes deambulando por los escenarios (y con los protagonistas) de “La Dolce Vita”, y el ciclo de relatos de Johnny Alucard (“Coppola’s Dracula”, “Andy Warhol’s Dracula”, …), son una gozada mayúscula, como no podía ser menos con Kim Newman.

  2. 16/09/2010 1:21 pm

    Oiga, que interesante. Sera este mi Crepusculo?

    • Noel permalink*
      16/09/2010 1:25 pm

      ¡Ja, ja! Es “Doctor Zito’s Twilight”.

  3. Mazoyk permalink
    16/09/2010 2:14 pm

    Leí hace siglos, en un viaje a Cuba cuando Fidel todavía despachaba discursos de cinco horas (novela gótica y victoriana: lo mejor para una odisea tropical), la edición de Timun Mas titulada ‘El año de Drácula’ y me pareció divertidísima. ¿Los otros dos libros están a la altura? ¿Están ambos traducidos? ¿Son fáciles de encontrar?
    Enhorabuena, como siempre, por el excelente post, que ha despertado un recuerdo perdido en el antro mohoso que es mi memoria literaria.

  4. Apático permalink
    18/09/2010 8:25 pm

    Confirmo que “El sanguinario barón rojo” es también una gozada.

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