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El demiurgo en David Fincher

20/10/2010

Hacia una Teoría Unificada del Toque Fincher.

I’m setting the example. What I’ve done is going to be puzzled over and studied and followed… forever.
— John Doe (Kevin Spacey, Se7en).

En The Social Network (2010), dirigida por David Fincher y escrita por Aaron Sorkin, asistimos a dos procesos judiciales paralelos pero, de algún modo, complementarios. En uno, el protagonista debe enfrentarse a las consecuencias de haber colocado, al estilo Tyler Durden, unas cuantas cargas explosivas en la misma base estructural (también conocida como “Harvard”) del viejo capitalismo. En otro, el protagonista debe enfrentarse a las consecuencias de haber perdido su alma en el camino. Lo que está en juego en ambos casos es, simple y llanamente, la responsabilidad del creador. De alguna manera, ese es el tema secreto del cine de Fincher, o el gran elemento cohesionador de una filmografía mutante y heterodoxa que, sin embargo, siempre parece obsesionada por obtener una radiografía de nuestra sociedad a partir de sus elementos más marginales. En otras palabras: todos sus protagonistas son creadores que, a través de diferentes disfraces (artista, revolucionario, arquitecto, fabulador, demiurgo…), intentan construir algo mejor. Algo que acabará destruyéndolos, sublimándolos o ambas cosas al mismo tiempo.

Resulta paradójico que el debut de Fincher como creador cinematográfico tuviese lugar con Alien 3 (1992), un proyecto que se escapó de su control durante la primera semana de rodaje y que ahora mismo apenas reconoce como suyo. Parece como si, a partir de entonces, el cineasta decidiera convertirse en un absoluto freak del control, supervisando personalmente (a veces hasta llegar a extremos extenuantes) cada fase del proceso creativo de sus películas. Consideremos entonces su primera película como un proyecto de fin de carrera realmente caro (además de como una posible fábula sobre los riesgos que asume todo creador que decide enfrentarse a una maquinaria tan implacable como la de los grandes estudios) y asumamos, pues, que Se7en (1995) es la primera entrada canónica del corpus fincheriano. En ella se nos presenta al primer asesino en serie entendido como artista rebelde, una declinación perversa y psicópata de la insumisión romántica que concibe sus asesinatos como una obra con discurso y sentido final. La crítica de la época destacó las similitudes entre las escenas del crimen en Se7en y las instalaciones de un artista conceptual tipo de mediados de los noventa, mientras que el crítico David Denby describe a John Doe como un asesino capaz de “poner patas arriba la complacencia de los demás, de perturbar el orden burgués”. El artista como moralista en tiempos apocalípticos, un mártir capaz de inmolarse como gesto extremo de fidelidad a sí mismo.

Hey, you created me. I didn’t create some loser alter ego to make myself feel better. Take some responsibility!
— Tyler Durden (Brad Pitt, Fight Club).

De algún modo, Se7en ya apuntaba una serie de temas (la autodestrucción como forma de renacimiento, la necesidad de aplicar una terapia de choque al status quo para intentar salvar lo que quede de nuestras almas) que Fincher formularía de manera explícita en sus dos siguientes obras. The Game (1997) propone el terrorismo y la disolución de la identidad como manifestaciones extremas de una terapia para el espíritu que culmina necesariamente en un renacimiento metafórico y, desde cierto punto de vista, también bastante literal. En este caso, los roles de víctima y demiurgo (al contrario de lo que sucedía con John Doe) están claramente diferenciados: Nicolas Van Orton (Michael Douglas) es musa y modelo para su hermano (Sean Penn), un artista que en esta ocasión se camufla de bromista, como si de un Loki posmoderno (y bienintencionado) se tratase. La relación entre activismo airado y broma cruel forma los cimientos de la estratosférica, perfecta Fight Club (1999), prácticamente una guía para el usuario del siglo XXI (con algo de libro de cocina del anarquista) que sincronizaba el discurso profundamente antiburgués de este primer Fincher con la intensidad cáustica del primer Chuck Palahniuk. Uno no puede más que quitarse el sombrero al comprobar cómo la icónica imagen que cerraba esta obra maestra ha sido, de algún modo, desarrollada en una secuencia aparentemente trivial de The Social Network: aquella en la que los gemelos Winklevoos (Armie Hammer) acuden a la autoridad de Harvard, solo para comprobar cómo esta ya les ha dado la espalda y se ha adaptado al nuevo tipo de capitalismo que encarna Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg). En ese momento, uno casi puede percibir a los ciclópeos Winklevoos como esas dos torres en proceso acelerado de destrucción que cerraban Fight Club: la audacia de Fincher en esta ocasión está en plantearse qué sucede después de que la revolución triunfe. Pero no nos adelantemos. El Narrador y Tyler Durden son los dos hermanos Van Orton coexistiendo en una misma mente fracturada, un doppelgänger sintetizado a partir de ruido y furia generacionales que representa al creador como destructor. En suma, la pirueta más radical de Fincher… antes de The Social Network.

Jordi Costa a propósito de Panic Room (2002): “Torva película de casa encantada, donde las figuras acosadas —una madre recién separada y su hija enferma— cumplen la función de espectros encerrados en el inexpugnable castillo de su propia paranoia”. No hay mejor definición posible para interpretar una aparente película menor que, en realidad, encierra una de las declinaciones más perversas e incómodas del creador fincheriano. En este caso, creadora: una estupenda Jodie Foster que asume el papel de arquitecta de su propia emancipación, construyendo un edénico espacio de libertad que se ve alterado por la intrusión de una realidad aterradora. A la creadora y a su hija no les queda más remedio que asumir el papel de víctimas y esconderse en un desolador reducto de independencia, a la espera de que el marido (arquitecto profesional, legítimo) las rescate en el último momento. Costa acertaba al definir Panic Room como la película más pesimista de Fincher: la creadora-arquitecta fracasa en su voluntad de construir un sistema alejado de esa masculinidad que en la película se percibe como intrusiva, violenta, desagradable… pero, en último término, salvadora. No es, desde luego, un mensaje que se haga simpático para el espectador.

I… I Need to know who he is. I… I need to stand there, I need to look him in the eye and I need to know that it’s him.
— Robert Graysmith (Jake Gylenhaal, Zodiac).

A los creadores que protagonizan Zodiac (2007) tampoco les va mejor en su intento por dar sentido a una sociedad enferma e irracional que, como en el caso de Se7en, encuentra en el psycho killer su más ajustado síntoma. Graysmith, David Toschi (Mark Ruffalo) y Paul Avery (Robert Downey Jr.) intentan escuchar el caos del mundo moderno y discernir algo con sentido en medio del ruido de fondo. Esa es la razón por la que los tres acaban consumidos por la obsesión o, en el caso de Avery, simplemente consumidos: como el Stencil de V., de Thomas Pynchon, Graysmith llega a olvidar su objetivo y a vivir solo (en cuerpo y alma) para la persecución. Es un creador de sentido (o un artista de algo tan esquivo como la verdad), que justifica la obra de toda una vida con una simple mirada a los ojos de su objeto de estudio. No es necesario nada más. A su modo, Benjamin Button (Brad Pitt) también se enfrenta al sinsentido arbitrario que le ha tocado vivir —nunca se nos da una razón concreta que explique su extraña enfermedad— de la mejor manera que sabe: convirtiendo su extraña, trágica vida en una fábula, en una construcción (ensamblada a partir de experiencias, personas, postales, recuerdos) destinada a ser leída por su hija (Julia Ormond) en el momento preciso. Ese acto de creación o ficcionalización es lo único que podrá dar sentido a una existencia invertida: la fábula como única posibilidad de supervivencia para el fabulador.

If you guys were the inventors of Facebook, you’d have invented Facebook.
—Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg, The Social Network).

El portal io9.com se pregunta si The Social Network podría ser considerada una especie sumamente atípica de película de ciencia-ficción. No le falta razón: la película trata de los mecanismos que permiten a la tecnología rasgar, trastocar y destruir el tejido de la realidad. Desde ese punto de vista, el personaje interpretado por Eisenberg puede ser considerado una mutación hiperrealista del arquetipo del científico loco (reúne todas y cada una de sus características: pensad un momento en ello y lo veréis). También nos aporta otra clave para interpretar la obra de Fincher como una crónica de la lenta-pero-imparable deshumanización del hombre moderno, que parece sumido en una carrera por alcanzar la muerte total del afecto. No obstante, Mark Zuckerberg es, sobre todo, el Demiurgo Total, el fin de una raza (la misma de Ícaro, Prometeo, Victor Frankenstein y Charles Foster Kane), la suma de todos los creadores previos de la filmografía fincheriana: artista del código binario, revolucionario movido por el resentimiento contra el sistema de castas, terrorista ideológico, arquitecto (como dice uno de sus asociados: “Vivíamos en granjas, luego vivimos en ciudades y ahora vamos a vivir en internet”), obseso, paranoico y fabulador. He aquí al hombre que ha construido el futuro.

32 comentarios leave one →
  1. 20/10/2010 11:12 pm

    Fenómeno.

  2. 21/10/2010 12:49 am

    Me quito el sombrero.

  3. 21/10/2010 4:26 am

    Fincher está a años luz de sus coetáneos. Y este post está a años luz de la inmensa mayoría de lo que uno puede leer en cualquier blog de cine.

    Bravo, Noel, buen trabajo.

  4. 21/10/2010 7:31 am

    Qué felicidad verle tan extenso y lleno de conexiones.

  5. 21/10/2010 9:55 am

    Wow!

  6. Sigfrido permalink
    21/10/2010 10:02 am

    Impresionante Emperador. El post es excelso! He disfrutado muchísimo

  7. 21/10/2010 11:35 am

    Un placer y un ejemplo. Bravo.

  8. Noel permalink*
    21/10/2010 11:42 am

    Mil gracias: así da gusto tener un blog.

  9. Ivan R. Saldias permalink
    21/10/2010 11:57 am

    ¡Tremendo post!
    Lo que dices es maravillosamente terrorrifico e interconectarlo con tan buen gusto con la obra de Fincher me agrada.
    No tenía pensado ver la película por el momento debido al resacón cinéfilo de Sitges, pero me has convencido.

  10. Mazoyk permalink
    21/10/2010 12:36 pm

    Vuelve a superarse, y de qué manera! ¡Enhorabuena y gracias! Este análisis del cine de David Fincher es hoy más necesario que nunca, y es JUSTO lo que le apetece leer a uno después de salir extasiado de ‘The social network’. ¿No se atrevería a añadir una pequeña coda dedicada a Aaron Sorkin para completar tan tremenda reflexión?

  11. kan permalink
    21/10/2010 2:02 pm

    chapó

  12. Don Lindyhomer permalink
    21/10/2010 6:03 pm

    Muy bien… menos la guinda. Salí del cine con la intuición, (y el grueso de tu post me la reafirma todavía más, este fin de semana voy a pensar con tranquilidad) de que no es el mito prometeico ni su variante faustica la que está detrás del relato de La Red Social. En este sentido, es otro más actual. Ya comentaremos con calma…

    • Noel permalink*
      23/10/2010 8:37 pm

      Por supuesto: este bosquejo de teoría es absolutamente provisional y está abierto a discusión. Puede que, tras haber dedicado un trabajo universitario al mito de Prometeo, me vea un poco condicionado por él. Comentaremos, comentaremos.

  13. 22/10/2010 12:24 am

    Buenísimo, gracias a este post me he dado cuenta de que adoro a David Fincher (aunque me faltan por ver Zodiac y The Social Network). Sin duda una de las mejores entradas de blog que he leído en muucho tiempo.

  14. 22/10/2010 1:28 am

    Yo me he perdido en algunos momentos, pero le juro que mañana, cuando este sobrio, vuelvo a leerlo.

  15. 22/10/2010 2:20 pm

    Fantástico, qué bien redactado e incisivo y… hacía tiempo que no disfrutaba así con una lectura sobre cine. Yo creo que además, y diría que hablo en nombre de otros, ha articulado usted el porqué a muchos nos encanta Fincher pero no sabríamos expresar. Aún no he visto The Social Network, y ahora iré con doble de ganas. Triple, si añadimos la ost de Reznor y Ross.

  16. fran permalink
    22/10/2010 8:03 pm

    me ha dejado en shock, exelente crítica. Felicidades

  17. Noel permalink*
    23/10/2010 8:39 pm

    Gracias a todos otra vez again, majos. Buena gente. Sexys.

  18. 23/10/2010 8:56 pm

    Nunca había leído un análisis tan completo y tan acertado de la figura de David Fincher. Tanto es así que casi me entran ganas de modificar mi crítica sobre “The Social Network” que tal vez infravaloré, al escapárseme ciertos detalles de la personalidad del director. A mi, la parte de los procesos judiciales de la película tardo algo en engancharme y de hecho, todas las películas de Fincher desde Se7en me parecen buenas películas pero a las que le falta algo para la genialidad. Tendré que revisarlas todas de nuevo ahora que te he leído.

  19. 23/10/2010 10:21 pm

    Postazo. He esperado a leerlo hasta ver La Red Social, y me ha parecido maravilloso el post. Y por supuesto la película y toda la filmografía de Fincher, que es de escándalo.

  20. bruno permalink
    25/10/2010 6:35 pm

    Tremendo artículo. Me encanta Fincher, y muero por verla pronto.
    Un placer leerte

  21. 25/10/2010 11:00 pm

    Un post sencillamente genial

  22. 27/10/2010 12:43 pm

    Libros YA…

  23. Ganzúas permalink
    13/11/2010 7:39 pm

    Excelente post, te has coronado, macho. Aunque en mi caso no comparta el entusiasmo por Zodiac.

  24. xarman permalink
    23/11/2010 6:20 pm

    No quise leer esta entrada hasta ver “La red social”, ahora que lo he hecho puedo felicitarte a ti por analizar de una forma tan magistral al creador más grande de nuestra era.

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