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Lecturas de medianoche (2)

26/10/2010

Esto está lleno de cajas. En la más grande pone “King” (¿“size”?), y a esa me dirijo.

Hay otra persona junto a ella. Lleva en la mano el mismo papel rojo que yo.

“Perdona, pero esta es mi caja”, le digo. “Oh, disculpa. Tengo una exactamente igual, y necesitaba buscar una cosa”, responde agitando el papel.

“Ya, bueno. Lo siento, pero no puedes estar aquí”, insisto yo. Y entonces desaparece.

Abro la caja. Está llena hasta arriba con otras más pequeñas. Vuelvo a mirar el papel para recordar cuál era la que estaba buscando, y me pongo a ello.

No me lleva mucho tiempo. El nombre está escrito en su superficie con ceras de varios colores: “Pet Sematary”.

Intento levantarla, pero es demasiado pesada. La abro y compruebo que dentro vuelve a haber más cajas.

“¿Y ahora qué?”, me pregunto, mientras las voy recorriendo con la mirada. Hasta que me fijo en la inscripción de una de ellas, y me doy cuenta de que es la única que necesito.

“Zelda”.

También pesa lo suyo, pero esta no pienso abrirla.

Andrés Abel.

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