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Lecturas de medianoche (4)

27/10/2010

Seamos sinceros. Siempre he sido bastante impresionable y miedosa, así que de pequeña lo era como el doble o el triple.

Supongo que recordaréis los entretenidísimos libros de Pesadillas, firmados por R.L. Stine. Esos libros que te devorabas en un santiamén y te quedabas como si nada. Ni miedo, ni repelús, ni carne de gallina.

Pero, claro, siempre hay una excepción que confirma la regla.

Recuerdo que el argumento de Visita aterradora (en inglés, The Ghost Next Door) me tocó la fibra sensible. Por aquella época estaba bastante obsesionada con la idea de morir en un incendio. Cuando me iba a la cama, me daba miedo que la casa comenzara a arder cuando todos estuviésemos durmiendo y muriésemos calcinados. Precisamente, ese era el argumento del librito en cuestión.

Hannah, la protagonista, era una niña parlanchina que se mandaba cartas con sus amigas. Hasta que un día, después de esa calurosa noche que pasó, dejaron de hablarle y no recibía carta ninguna. Además, de golpe y porrazo, se habían instalado nuevos vecinos en el barrio que tenían un hijo. Un chico pálido e interesante que no la hacía ni caso.

Por aquel entonces, ese libro reunía muchos de mis miedos. Miedos tontos, pero para la edad que tenía, aterradores.

Lucía Helguera.

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