Skip to content

Lecturas de medianoche (6)

28/10/2010

No conviene subestimar la capacidad de fascinación que la literatura del escritor de Maine es capaz de generar en la psique impresionable de un tierno infante de once años. It no fue sólo mi primera inmersión seria en la obra de Stephen King (antes había coqueteado con algún relato corto), sino mi primera lectura adulta. Quizás lo más positivo de ser el pequeño de una familia más o menos numerosa es la temprana exposición a libros, discos, cómics y películas que normalmente hubieras tardado muchos más años en conocer. Mi hermano mayor, con el entusiasmo contagioso que aún le caracteriza, despertó en mí desde bien temprano la curiosidad por la literatura de King.  Curiosidad que acabó por convertirse en obsesión cuando me relataba con lujo de detalles algunos de los pasajes más escabrosos de la monumental novela de King. El muy cabrón me convenció de que en la inquietante ilustración que figuraba en la cubierta de la edición original aparecía, borroso y gris, el rostro sonriente de Pennywise bajo la reja de la alcantarilla desde la que asomaba la afilada garra de un monstruo.

Bastó ese terrorífico prólogo, en el que King narra con maestría y mucha mala leche   como el payaso diabólico asesina mediante una brutal amputación al pequeño George Denbrough, para que cayera irremisiblemente preso con la historia del ser maléfico que asesinaba niños cada treinta años. Su largísima extensión, lejos de amilanarme, acentuó el reto de enfrentarme a una novela tan terrorífica.

Compartir edad con la de los protagonistas durante buena parte de la extensión de la novela ayudó a una plena identificación con sus miedos e inquietudes. Sin duda alguna, también contribuyó el hecho de que la devoré durante un verano que pasé junto a mis tíos y primos en Cabo Roig, alicantina ciudad de vacaciones con no pocas conexiones con la suburbial Derry de IT. Un entorno que logró manipular mi encendida mente hasta el punto de creerme que lo que King relataba era algo ‘mas o menos’ real, y quizás Pennywise había cambiado Nueva Inglaterra por la Costa Blanca como territorio de caza.

Todavía recuerdo con nostálgico pavor algunos pasajes, especialmente los encuentros de sus protagonistas de niños con Pennywise personificando sus peores miedos, como el ya citado infanticidio de las primeras páginas, el encuentro de Eddie Kaspbrak con un leproso libidinoso bajo un polvoriento porche o la persecución a Richie Tozier por parte del hombre lobo adolescente. Otro recuerdo perturbador es el de las dos letras del título escritas por Stan Uris con su propia sangre en la pared del baño, que aparecían dibujadas con caracteres sanguinolentos en una de las muchísimas páginas de aquel libro grueso como un diccionario, rompiendo aquella infinita sucesión de párrafos sin una triste ilustración (fue también el primer libro que leí ‘sin dibujitos’).

Más de veinte años después, It sigue figurando en mi memoria como una de las cumbres de la extensa obra de King, autor al que ya jamás abandoné. De hecho, Bajo la cúpula lleva meses desafiándome desde los expositores de las librerías…

Mazoyk.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: