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Llamando a Houdini

30/10/2010

La web The Halloween Harry Houdini Séance, con su diseño chillón y su contenido pueril, puede parecerle una broma al internauta despistado, pese a sus esfuerzos por convencerle de lo contrario: “No kooks please, this is a serious Halloween test and tribute”. El origen de esta tradición anual hay que buscarlo el 31 de octubre de 1926, el día que Ehrich Weiss (más conocido como Harry Houdini) murió tras una semana de dolor y agonía —algo relacionado con aceptar una apuesta absurda con un estudiante más fuerte que él, ignorando que surfía de apendicitis—. Además de escapando de cualquier trampa concebida por el hombre, Houdini había pasado gran parte de sus últimos años en una cruzada personal contra el espiritismo (o, más concretamente, contra los estafadores en el mundo del espiritismo). Sus métodos para desenmascarar los engaños y tretas de aquellos que se aprovechaban de la confianza de la buena gente llegaron a ser tan populares entre el público que el artista llegó a incorporarlos en sus funciones, con la esperanza de que todo el mundo tuviera las armas suficientes para enfrentarse a un embaucador cuando lo viera. Sin embargo, Houdini nunca perdió la esperanza de que el contacto con el otro lado fuese posible: su furibunda cruzada contra los estafadores podía estar motivada por un deseo latente de encontrar a alguien que, quizá, dijese la verad.

Antes de morir, el artista de la fuga le confió a su mujer un código secreto que le permitiría determinar si el supuesto mensaje del más allá que le transmitiera algún médium era genuino. Esperanzada por este mensaje final, Bess Houdini organizó sesiones de espiritismo cada Halloween durante una década después de la muerte de su marido. La falta de éxito le hizo tirar la toalla en más de una ocasión, pero la insistencia del espiritista neoyorquino Arthur Ford (quien estaba convencido de que el mago intentó comunicarse con él a comienzos de la década de los treinta) mantuvo a flote la tradición anual. La última sesión presidida por Bess tuvo lugar en la azotea del Knickerbocker Hotel de Hollywood, durante la noche de difuntos de 1936. No por casualidad, Los Angeles se había convertido en la ciudad norteamericana que más se esmeraba en sus celebraciones de Halloween: si el mago se debía aparecer en algún lugar del mundo, sin duda era ese. Bess cubrió el suelo con una lujosa alfombra roja e invitó a un nutrido grupo de periodistas, magos, fotógrafos, espiritistas y amigos del difunto. Con las colinas de Hollywood como testigo, la mujer invocó a Houdini por última vez. No hubo respuesta.

El hecho de que su viuda decidiera dejar de organizar sesiones de espiritismo tras una década de fracasos no significa que el Harry Houdini Museum compartiese su derrotismo. La institución mantuvo viva la esperanza durante décadas, hasta que la llegada de internet permitió abrir la sesión a todo el mundo, con la esperanza de que alguna manifestación hectoplásmica del artista se abriese paso a través del ciberespacio. Es probable que mañana te sientas inclinado a desempolvar tu vieja ouija y, quién sabe, contactar con Houdini. Aunque no lo hagas, al menos esta extraña tradición anual servirá para mantener vivo el nombre del mago. Lo que no está nada mal.

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