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Lecturas de medianoche (10)

31/10/2010

Miedo, lo que se dice miedo…

No suelo asustarme con facilidad. Supongo que estoy familiarizado con ambientes tétricos y malsanos, situaciones escalofriantes y seres monstruosos y repulsivos por haber trabajado trece años como abogado (deberían haber visto a algunos de mis colegas; Lovecraft huiría despavorido…). Los libros de terror, por tanto, no provocan en mí ningún tipo de mella a menos que me caigan en la cabeza desde una estantería alta. Obviamente los disfruto, pero desde un punto de vista artístico o literario, pues me resulta difícil sentir algún escalofrío mientras leo a King, Koontz, Barker o a otros autores del género que tengan una K en su apellido.

Ahora bien, si les soy sincero, sí ha habido un relato que me provocó cierta angustia mientras lo leía: me refiero a Una invasión psíquica, de Algernon Blackwood. No pensaba que el texto de un autor con nombre de taladradora de precisión pudiera provocarme inquietud, desasosiego o dolor de cervicales. Sin embargo, tras un comienzo deliciosamente acartonado —una mezcla entre las novelas pulp de Sax Rohmer (el creador de Fu Manchú), los folletines por entregas decimonónicos y Scooby Doo—, Blackwood da un giro de 180º y sitúa al protagonista (John Silence, Investigador de lo Oculto, Médico de lo Extraordinario) encerrado en una habitación junto a sus dos “ayudantes (el gato “Smoke” y el viejo collie “Flame”)… y una presencia maligna. Narrado con una habilidad extraordinaria, el peso de la acción pasa de Silence a los dos animales que, con su “clarividencia natural”, se enfrentan a “Ellos” sufriendo un pánico absoluto el segundo, curioso y tranquilo el primero. El lector (oséase, un servidor) se pone en el papel de mero espectador, al igual que el investigador, sin poder hacer nada, absolutamente nada… Desde entonces, cada vez que un gato se queda mirando un punto fijo en una pared desnuda, siento como un escalofrío me recorre el espinazo mientras me pregunto: “¿Qué… cojones… está viendo?”.

Aparte de ese cuento, no ha habido ningún otro que… Bueno, el inesperado y aterrador giro final de El almohadón de plumas, de Horacio Quiroga, sí que me asustó un poco, provocando que para dormir apoye la cabeza sobre una caja de plomo. Ah, y no puedo estar en una misma habitación que un Furby desde que leí Lunar Park, de Bret Easton Ellis. Y nunca salgo de casa sin mi desencofradora de hierro gracias a la turbadora ¿falsa? realidad expuesta en Guerra Mundial Z, de Max Brooks. Y La casa infernal, de Richard Matheson. Y el microrrelato “El último hombre sobre la Tierra estaba solo en una habitación. Llaman a la puerta.”. Y el post halloweenero de este año del estimado Kiko Libertino. Y…

Seguiría diciéndole títulos, pero es que estoy solo en casa y acabo de escuchar pasos en la cocina. Así que, si me disculpan, voy a chillar durante unos segundos y luego desmayarme. Feliz Halloween, estimados amigos.

Grom el Único.

One Comment leave one →
  1. ST 2497 permalink
    31/10/2010 5:02 pm

    Estoy con usted, Grom. Normalmente los libros de terror me suelen entrar por una oreja y salir por la otra (ojo, mejor dicho). Pero hace poco me compré una edición preciosa de Lovecraft en un viaje, un tochaco con sus más mejores relatos y en versión original así para no entenderlos del todo y estimular mi imaginación (3000 páginas y 5 kilos por lo menos). Vaya si fue terrorífico, cuando me pesaron la maleta en el aeropuerto…

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