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Lecturas de medianoche (11)

31/10/2010


El título de maestro del miedo no es tan limitado como parece en Stephen King. Al menos, y esto es una noticia en estos días en los que todo escritor puede tener una prensa hiperbólica, es una fiel descripción de algunos de sus libros iniciales. Lo que vendría siendo acojone, o terror extremo, es lo que provoca la lectura de El resplandor, al contrario que la más abstracta y paranoide perversión de Stanley Kubrick. Pavor es lo que hay al leer en dos o tres noches It.

Pero el relato más terrorífico de King es Corazones en la Atlántida, el segundo del libro con el mismo título y el título equivocado de la versión cinematográfica del primero, Hampones con chaquetas amarillas. El relato está contado por Pete Riley, un estudiante mediocre que desarrollará una adicción al juego en los años setenta, justo cuando la Contracultura era todavía una posibilidad y la guerra de Vietnam una causa que preocupaba a los estudiantes. Parece una historia melodramática, pero el énfasis está en los hechos, algo favorecida por la (progresiva) asepsia del narrador.

En su versión, con exquisitas variaciones, de Common People de Pulp, Manel escribían que “mai entendrás / el que és anar passant els anys / esperant la solució / que s’emporti tanta por” (nunca entenderás / lo que es ir pasando los años / esperando la solución / que se lleve tanto miedo) . Es tal vez el tema principal de este relato escalofriante. El tema del relato bien podría ser moralista, algo que no ha rechazado nunca King: el juego que destruye al Hombre débil o el Hombre que se deja destruir indefenso por sus adicciones. Pero no es así y es tal vez el motivo por el que su densidad cobre una importancia mayor. El tema de esta historia casi podría ser metafísica y no se trata de la imposibilidad de vencer al destino fatídico, no hay grandes relatos en el paisaje de la Universidad de Maine que sirve de escenario, sino de como el miedo vence a las vidas ordinarias de un modo prosaico, inconsciente y profundamente idiota. Corazones en la Atlántida es un relato sobre la conciencia del fracaso, un relato cuyo mayor desconsuelo llega cuando los protagonistas gritan ahogados que al menos lo intentaron. No hay épica, solo conformismo y autocompasión. Y un escalofrío profundo.

Alvy Singer.

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